Los 100 días de El Chapo: una escalada de delación y violencia

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El mismo día que Donald Trump juraba su cargo como presidente, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, se veía por primera vez con el juez de Nueva York. Había aterrizado la noche antes en el aeropuerto de Long Island, extraditado desde México, escoltado por los hombres de James Hunt. Caza mayor. El agente especial al mando de la Agencia Antidrogas de Nueva York (la DEA, en sus siglas en inglés) también estaba allí, era un Día D, por los años que llevaban tras él, porque era el mayor capo del mundo y porque con la caída de Guzmán sabía muy bien que vendrían otros. En sus primeros 100 días en Estados Unidos, enjaulado en un correccional de extrema dureza de Manhattan, la lucha de poder ha bañado en sangre Sinaloa y en Estados Unidos se han multiplicado las investigaciones, muchos narcos tienen miedo y empiezan a hablar.

“Traer a un tipo como El Chapo aquí hace que mucha gente se plantee si ellos van a ser los próximos, así que muchos acuden al Gobierno para cooperar y tratar de conseguir un trato, porque piensan que si pueden atrapar a alguien así, pueden con todos, y muchos narcos están contactando con abogados estadounidenses”, explica el agente a este periódico.

En México ha corrido como la pólvora el rumor de que Guzmán, viendo ya todo perdido, ha empezado a cantar, a delatar a viejos compinches, a subordinados y a rivales, tratando de suavizar lo aciago de sus condiciones: pasa aislado en una celda 23 horas diarias mientras espera juicio. La detención de Edgar Veytia, fiscal general de Nayarit (México), abonó especulaciones porque lideró la investigación el mismo funcionario que imputó a El Chapo, pero sus abogados los desmintieron radicalmente.

Las guerras intestinas explican muchas vulnerabilidades. “Cada vez que hay luchas internas, el cartel se debilita, porque sus miembros empiezan a preocuparse más los unos de los otros, de quién va a ser el próximo jefe, que de sortear la ley”, explica también el jefe de la DEA neoyorquina, en una declaración previa a este arresto. Hay “muchas, muchas investigaciones” abiertas, dice.

Este martes cayó en Ciudad de México Dámaso López, uno de los sucesores del gran capo, capturado precisamente en plena contienda entre las distintas facciones del cartel: López, por un lado, los hijos de Guzmán, por otro, Beltrán Leyva… La batalla en territorio Chapo ha acercado la violencia a nuevos umbrales. Se han empezado a tirar cuerpos desde avionetas, como exhibición y amenaza, y en los dos primeros meses se registraron 230 homicidios, pero los analistas de la zona creen que a estas alturas se habrá duplicado ya.

Dice Hunt que enjaular a El Chapo fue parecido a lo que en su día fue echar el guante a John Gotti, que llegó a ser el jefe de los Gambino, una de las grandes familias mafiosas de Nueva York. Hay que ver en qué lugar quedarán los hijos de El Chapo. “Estoy seguro de que hay mucha gente resentida por el hecho de que estén los hijos donde están sin haber competido como ellos”, explica el responsable de la DEA. Quejas de nepotismo en versión narcotraficante: “Es como cuando Gotti nombró jefe a su hijo, hubo mucho resentimiento por ello y es lo que hundió a la familia, pero no estoy en México”, añade.

Nueva vista ante el juez

La justicia estadounidense considera a El Chapo el mayor narcotraficante del mundo y le atribuye miles de muertes, torturas y secuestros. Después de Al Capone, Chicago no había declarado enemigo público número uno a nadie más que a él. En EE UU se enfrenta a 17 delitos que pueden dejarle en la cárcel de por vida. Desde que lo extraditaron a EE UU, hace ya algo más de 100 días, vive confinado en una celda sin apenas comunicarse con nadie, sus abogados dicen que ha empezado a sufrir alucinaciones, que oye música en un radio apagada.

En el mundo del narco, muerto el perro, no acaba la rabia. “Alguien va a ocupar ese hueco, hay demasiado dinero ahí como para que no ocurra”, dice Hunt, pero ese arresto ha creado un tsunami en la organización que le va muy bien a las fuerzas de seguridad.

Este viernes El Chapo volverá a ver al juez en Brooklyn. No se sabe la fecha del juicio, pero sí que en él habrá un desfile de líder de cárteles colombianos para testificar contra él.

Cortesía El País

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