Vecinos repudiaron a funcionarios con la quema de Judas

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Este Domingo de Resurrección no fue la excepción y como todos los años vecinos del Área Metropolitana realizaron la tradicional quema de Judas, una práctica que rememora la tradición de Judas Iscariote a Jesús, quien fue entregado al Sanedrín, el entonces consejo supremo de la ley.

Evocando el relato bíblico, en La Candelaria lugareños realizaron su propia analogía en torno a la entrega del Mesías y quemaron a un Judas de cuatro cabezas. El monigote incluía representaciones del Ejecutivo nacional, del presidente del TSJ, Maikel Moreno, el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, y del alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez.

En El Cementerio, donde la tradición se realiza desde hace 76 años, ardió el hambre; una problemática que, a juicio del promotor de la tradición, Juan Loaiza, encierra el drama de la pobreza asociado a la escasez de alimentos, medicinas y a la mendicidad.

En Libertador el Frente en Defensa del Norte de Caracas entregó una mención especial a la GNB y a la PNB para rechazar la represión por las recientes manifestaciones.

Al margen de la diatriba política, en San Agustín del Norte la quema estuvo apegada al sentido cristiano. Allí Ángel Sepúlveda y Erick Primera incineraron en la calle Ricaute a un monigote con estructura de Madera para repudiar el pecado y la traición persé. “Este es Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús, que lo vendió por 30 monedas de plata”, dijeron.

Ayer residentes de El Valle arrojaron a la hoguera a Lilian Tintori, Luis Almagro, Julio Borges y Freddy Guevara y fueron señalados por presunta traición a Venezuela. La jocosidad y los reclamos dominaron la jornada en la ciudad.

Aunque la práctica está vinculada a las creencias católicas, con los años ha tomado un matiz político, con lo cual vecinos echan al fuego la corrupción, la violencia y las fallas de servicios.  Se trata de una frustración que se replica en  Petare, Antímano y La Pastora donde también ardieron  muñecos de manufactura local, en cuyos testamentos reclamaron diálogo y trabajo para resolver la crisis nacional.

En el este de la ciudad al igual que en La Vega, en Libertador, incineraron a monigotes que simulaban a Nicolás Maduro. Mientras en la Plaza Diego Ibarra, en el Centro, adeptos al oficialismo calcinaron a Luis Almagro.

Hoy cuando las familias más pobres se confiesan agobiadas por la escasez de alimentos, medicinas y la opacidad gubernamental frente a la inflación, no es el beso de la traición ni las 30 monedas de plata lo que las alienta a reproducir la tradicional quema, una práctica que evoca la entrega de Jesús al Sanedrín. Es más bien un talento urbano incentivado por el clima de frustración que arropa a las comunidades.

Cortesía El Universal

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